viernes, 24 de febrero de 2012

Evangelio del día meditado por el Papa



¿Por qué los discípulos no ayunan?
Mateo 9, 14-15. Cuaresma. El verdadero ayuno, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que ve en lo secreto y te recompensará.
Autor: Aarón Robles Amador | Fuente: Catholic.net

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-15


En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán.

Meditación del PAPA

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los cuarenta días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). (Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre para la cuaresma 2009).

Diálogo con Cristo

Jesús, a veces me meto tanto en mi vida que me olvido de Ti. Sé muy bien que me has pensado para un plan más grande del que veo yo. Ayúdame a conocer cuál es tu Voluntad sobre mi vida y cómo puedo acercarme cada día más para cumplirla. Tu pan Señor es la vida, y en esa vida está mi felicidad. Concédeme la gracia de conocerla y vivirla. Amén

Viernes, 24 de febrero
zCruzVioleta.jpg (1034 bytes)Viernes después de ceniza            
Isaías 58, 1-9a / Mateo 9, 14-15
Salmo Responsorial   Sal 50, 3-4. 5-6a. 18-19   (R/. 19b)
R/.  "Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias"

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